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Querido Ulises… (homenaje a los navegantes solitarios)

Mientras escribo estas líneas, te imagino en el puente de tu barco; vista al frente, mirando cara a cara al destino; ausente de todo lo que te rodea, sean temporales, tentaciones o sufrimientos.

Kavafis te ofreció un consejo, que era deseo:

“Cuando emprendas tu viaje a Ítaca

pide que el camino sea largo,

lleno de aventuras, lleno de experiencias”.

 

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Nuestros mares son distintos. Tu Mediterráneo es un mar engañoso: su apacible serenidad se convierte en imprevistos temporales por la acción de extraños vientos. Los dioses, soplando con fuerza, se entretienen haciéndonos sentir nuestra insignificancia de forma súbita. Tú lo conoces bien, en tu eterno navegar te has visto sometido a duras pruebas, siempre superadas gracias a tu convicción y al deseo de regresar a Ítaca.

Tu corazón estará rebosante: el camino ha sido largo y las aventuras, muchas.

Nuestro mar es diferente, no asume ajustarse a una característica previa. No admite definiciones, ni limitaciones; en su enormidad es casi infinito, como tu navegar. El Atlántico es la puerta del todo. Atlas sostenía el cielo eterno, y ese cielo sobre este mar se reflejaba.

 

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Los navegantes de la regata La Solitaire 2018 URGO – LE FIGARO también emprenden un camino largo. De entrada podemos pensar que su ruta es muy distinta de la tuya, que en su afán todo es prisa, buscar el camino corto, el mejor viento, empujados por el deseo de llegar primero. Es una regata, ciertamente, pero lo importante no es la velocidad o el resultado, ¡qué te voy a decir a ti! Lo importante es navegar.

 

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Navegar y llegar a puerto. Los puertos son parte de la navegación. Te reciben alborozados, ofreciéndote sus mejores dones. Alborozados llegan también los navegantes. Arribar a puerto es por tanto una experiencia de compartir. Ofrecer y recibir. Intercambiar y descubrir.

“Pide que el camino sea largo.

Que muchas sean las mañanas de verano

en que llegues -¡con qué placer y alegría!-

a puertos nunca vistos antes.”

 

Este año 2018, la organización de la regata propone tomar un rumbo nuevo, hacia la Ría de Muros Noia, A Ría da Estrela, en Galicia. Un lugar donde el misterio se transforma en leyenda, la leyenda en creencia, la creencia en misterio… y todo vuelve a empezar, eternamente, como las olas del mar. Ese mar que todo lo envuelve, que alcanza nuestros sentidos. Lo hueles, lo saboreas, lo escuchas, lo tocas, lo ves. Un lugar eterno donde la historia se hace piedra y la piedra, memoria.

Así eran las rías gallegas y así sigue siendo la Ría de Muros Noia. Un puerto natural que ofrece un amarre cercano a los peregrinos que desean aproximarse a Santiago, convirtiéndose, por tanto, en el auténtico mar de Compostela.

Esta es una ría en la que los primitivos castros se vuelven marineros (Castro de Baroña). Una ría en la que la excepcional gastronomía es puro mar (los mejores berberechos del mundo, ostras, Sanmartiños, lubinas, pescado azul…). En la que los museos recogen todo el saber de los hombres marineros (Museo do Mar de Noia, Museo Marea de Porto do Son, Museo Sel de Muros). En la que los templos también son reflejo de ese mar (Santuario Virxe do Camiño e Iglesia de San Pedro en Muros, cruceros y petos de ánimas). En la que montes y miradores parecen estar situados para disfrutar del mar (Monte Tremuzo en Outes, Culou en Lousame, Enxa en Porto do Son)… o para disfrutar “con” el mar (Monte Louro). Una ría con un rosario de hermosas playas, donde resulta fácil encontrar una al gusto de cada visitante (Ancoradoiro, San Lorenzo, Broña, Testal, Aguieira, Queiruga, Furnas…).

 

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El gallego es un pueblo singular. Estoy seguro de que te gustaría conocerlo, Ulises. Pueden parecer dotados para un sentido trágico de la vida, en el que destaca una curiosa relación con la muerte (Museo de Laudas Gremiais de Noia) o incluso con el Demonio (al que hay que expulsar del cuerpo: romería de San Campio en Outes). Los gallegos ofrecen una primera impresión de melancolía o “saudade”, como sus vecinos portugueses; pero es suficiente una mínima disculpa para que aparezca una gaita y comience una fiesta. Un poco de pulpo “a feira”, algo de vino, la tradicional “queimada”… y a celebrar.

Así son, celebran todo y por todo; sea la abundancia de pescado (Azul de Portosín), o bien que la historia ha sido generosa (Feria Medieval de Noia) o simplemente que el mar está ahí (Muros mira ao mar).

 

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Fernando Pessoa, atlántico como los de esta ría, nos dice así: “Navegantes antiguos tenían una frase gloriosa: navegar es necesario, vivir no es necesario”. Me agrada Pessoa. A ti también te agradaría. Tiene razón, es una frase gloriosa. De ese tipo de gloria que solo da el mar. La gloria de Colón, de Magallanes, de Elcano, de Cook, de Cousin. De tu propia gloria, Ulises, y de esa misma gloria que los participantes de La Solitaire 2018 URGO – LE FIGARO merecen compartir.

Boa proa!

www.riademurosnoia.com

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