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Paraísos cercanos: Ría de Muros Noia, no cambies nunca

Ria M-N Correo¿Cómo crecer sin dejar de ser pequeño? Se preguntaba Howard Schultz, exitoso creador de Starbucks.

Este tipo de contradicciones nos hacen más atractiva la vida. Como la mía: un periodista japonés especializado en turismo, que aquí está contándoles cosas de su propia tierra…

Comencé recordando al fundador de la franquicia cafetera porque estamos en pleno año del Turismo Sostenible y un pensamiento similar al de Starbucks revolotea por los destinos turísticos: cómo crecer, pero manteniéndonos como somos.

¿Imposible? Pues no tanto, como he podido comprobar esta semana.

Cuando nuestro jefe repartió los destinos, a mí me tocó el más cercano. Siendo japonés, era inevitable. Yo nunca había estado en la Ría de Muros Noia. Para ti será como un destino exótico, me dijo con un tono que todavía no he aprendido a interpretar bien.

Conduciendo hacia la ría, recordaba las palabras de mis compañeros. Varias veces les escuché hablar de paraísos lejanos. Pensaba si acaso no podrán existir los paraísos cercanos.

Entonces lo vi.

El suave descenso de la carretera me permitió disfrutar de una puesta de sol entre las dos cumbres de un extraño monte que, como un vigía, se adentraba al mar. Nadie me había prevenido sobre esto.

Las revelaciones llegan de improviso.

Al día siguiente, en el desayuno me hablaron del Monte Louro, de su laguna y su playa. Hacia allí quise dirigir mis pasos, pero mi vagar resultó lento.

La mañana me mostró un paisaje muy diferente: el paisaje humano.

Centenares de mariscadoras se afanaban entre risas. ¿Por qué ríen tanto, con lo duro que parece su trabajo? Y, sobre todo, ¿qué cogen?

Berberechos. Decían que son los mejores del mundo. Pues no mentían, nunca había comido nada igual. ¿Cuánto se pagaría en Tokio por ellos? Los berberechos fueron una nueva revelación. Pero no sería la última. El festejado pescado azul, el pulpo de las lonjas y unas carnes que certifican la calidad de los pastos, convertían cada comida en una fiesta o en una feria. Me contaron que en junio irán a la Semana Verde de Silleda porque están orgullosos de sus productos y quieren que se conozcan bien.

Deslumbrarán.

Como me deslumbra la carretera: cada recodo es una sorpresa. Cada variación de luz cambia los contornos, pero permaneciendo su esencia en calma.

“Lo esencial es invisible a los ojos”. No aquí. Aquí percibes la esencia con los 5 sentidos. En una mina de wolframio, en un puente medieval o en un castro celta, siempre sabes que estás en la Ría de Muros Noia. Se puede inaugurar un restaurante innovador, o inventar un alojamiento singular, pero siempre estará abrazado a la piedra. O subido a los árboles, sin perder nunca el contacto con lo que te rodea, con lo que te hace ser como eres.

Crecer sin dejar de ser pequeño.

Crecer sin cambiar, manteniendo la esencia de un territorio eterno.

Así eran las rías gallegas. Por suerte para todos nosotros, así es todavía la Ría de Muros Noia, A Ría da Estrela, un paraíso muy cercano.

 

Muros Noia, las rías gallegas tal como eran

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